¿Está el hombre solo en el universo o mal acompañado? ¿Y si Hitler hubiera sido decorador de interiores?




:::viernes, noviembre 13, 2009:::
El tiempo y la distancia
 
Verónica, la secretaria del jefe, menea graciosamente las caderas mientras yo simulo trabajar en el informe que tengo que mandar a Singapur, país que está más cerca que ella. Ella está a un par de años luz, supongo. O años dinero. Seguro que se acuesta con el jefe, aunque ésta sea una afirmación caprichosa producto de la frustración y del insistente observar de sus caderas, que se balancean en el espacio-tiempo con una cadencia perturbadora.



:::jueves, noviembre 12, 2009:::
Vae victis
 
—Y me dijo que no me quiere. ¿Te lo puedes creer?
—Me parece de lo más lógico. Lleva diciéndotelo diez años.
—Pues precisamente. Ya tendría que haber cambiado de opinión, ¿no? Aunque fuera por no repetirse.



:::miércoles, noviembre 11, 2009:::
Ahora
 
Ella tiene un problema con los sentimientos a largo plazo, se le dan mucho mejor los inmediatos. «Quédate a dormir esta noche», le dice, «y mañana ya veremos». Él se ha convertido con los años en un gestor de momentos y simplemente asiente. Por lo que sabe, la mañana podría presentarse o no.



:::martes, noviembre 10, 2009:::
Pequeños pasatiempos de alcoba
 
—Joder, tienes el culo más duro del mundo —dice él.
—No es verdad —sonríe ella.
—Creo que aguantaría hasta puñetazos.
Ella no dice nada. Quien calla, otorga, piensa él. Un golpe seco con el puño en la piel desnuda.
—¿Te ha dolido?
—No.
Golpea con algo más de fuerza. Ella colabora alzando el culo.
—¿Y ahora?
—Tampoco.
Más fuerte ahora. Él la mira. Ella tan sólo jadea: «más».



:::lunes, noviembre 09, 2009:::
Reparaciones
 
—Buenos días, vengo a que le eche un vistazo a mi coche. Le falta potencia al subir cuestas.
—No se preocupe, un padrenuestro y como nuevo.
—¿Cómo dice?
—No me diga que es usted uno de esos ateos que no creen en el poder curativo de la oración.
—No sé, la verdad es que prefiero un mecánico.
—No sea tonto. Una vez a mi mujer se le estropeó la batidora, recé un rosario y aleluya: al tercer día volvió a funcionar. Como si fuera nueva.
—¿Seguro que no lo era?
—Qué poca fe tiene usted, no me extraña que se le averíe el coche. A ver, ponga en marcha el motor. Ajá, como me temía.
—¿Qué, qué le pasa?
—Creo que tiene al diablo en las bujías.
—No se enfade, pero me voy a otro taller.
—Pero escuche, escuche el ruido del motor.
—A mí me parece normal.
—No, es el diablo, que susurra con voz ronca versos satánicos. Espere, voy a meterle agua bendita en el radiador.
—Todo esto es un sinsentido.
—Oiga, ¿acaso ha estudiado usted mecánica teológica o teología mecánica? Pues entonces déjeme trabajar, que sé lo que hago.



:::domingo, noviembre 08, 2009:::
Sucedió en una cafetería
 
La señora Clotilde apura el café mientras observa por encima de las gafas a su vecino, del que sospecha que es el Anticristo. El vecino tiene las cejas muy pobladas, lo que claramente es un ardid para ocultar el 666 que a buen seguro tiene escrito sobre cada ojo. Se comportan de forma civilizada, aparentemente sólo son dos vecinos que han quedado para tomar algo en una cafetería del barrio. Sólo un observador avezado entendería que está asistiendo a un enfrentamiento del que depende el futuro de la humanidad.



:::sábado, noviembre 07, 2009:::
El soldado
 
Dice el general que Dios está con nosotros, pero yo no lo veo en ninguna trinchera.